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30 de mayo 2018

Educación sexual integral para personas con discapacidad intelectual

Desde hace tres años, la Asosiación Chilena de la Protección de la Familia (APROFA) está trabajando en impulsar una política pública  que proteja  y garantice los derechos sexuales de las personas en situación de discapacidad intelectual a través de la educación.


Por Lucas Figueroa

A través de una oferta pública para educadores diferenciales y otros profesionales que trabajen  con personas en situación de discapacidad intelectual, así se le da vida al  Ciclo de Formación Continua de Educación Integral de la Sexualidad a cargo de la Asociación Chilena de Protección de la Familia (APROFA) y que busca abordar uno de los estereotipos que más fuerte recae sobre personas con discapacidad como es identificarlas como  personas asexuadas. El ciclo funciona a partir del programa que tiene el Mineduc para las personas en situación de discapacidad; desde Aprofa lo transforman en un juego de naipes, el que guía un tablero que conduce a una suerte de trivia. La duración de los programas varía entre 4 y 20 horas, los más largos se distribuyen en tres días con una duración aproximada de 8 horas cronológicas.

Este programa tiene cerca de tres años de vigencia. Surge justamente por las debilidades que existen en materia de derechos sexuales y reproductivos y personas con discapacidad. Debora Solís, directora ejecutiva APROFA, cuenta que “creamos una metodología acorde a la situación de los niños, niñas y adolescentes para contar con sus inquietudes y necesidades; hacemos la investigación y  hay un vacío enorme en varios ámbitos, evidentemente (…) las educadoras diferenciales no cuentan con ningún tipo de herramientas para abordar  este tipo de cuestiones. En la universidad el tema de la sexualidad está fuera de sus planes y programas de enseñanza”.

Débora Solís

El ciclo, que cuenta con equipos psicosociales, tiene un enfoque –según señalan desde Aprofa– centrado en la educación. “Lo que pretendemos hacer es una respuesta a una necesidad de la escuela y en este caso de la escuelas especiales”. El  trabajo parte en conjunto con una psicopedagoga y se hace a través de dibujos. Es ahí el primer paso: en dicha actividad los jóvenes sujetos a estudio demuestra una hipersexualización. A partir de eso se genera material educativo para que las educadoras que postularon al concurso público puedan trabajar con adolescentes en situación de discapacidad. Una vez terminado el ciclo, los educadores deben hacer una intervención en aula con lo aprendido. Posteriormente el trabajo es revisado por el equipo pedagógico de APROFA y se dirime si se cumplen los requisitos para recibir la acreditación.

Dificultades

Debora Solís dice que una de las piedras en el zapato que existen a la hora de abordar temas de sexualidad en personas en situación de discapacidad intelectual es la creencia de que un individuo, con esa condición, es sinónimo de un ser asexuado. “Quienes tienen discapacidad intelectual están construidos como una suerte de ángeles y los ángeles son asexuados. Y cuando este angelito se masturba en la sala de clases, las personas adultas no sabe cómo reaccionar”.

En cuanto al desafío para hacerle frente a ese prejuicio, Solís destaca que “lo primero que tenemos que hacer es un proceso de reconocimiento del ser sexuado de niños o niñas con discapacidad intelectual de otra manera, de otra forma, con otras expresiones, pero que finalmente es”.

Educación integral de la sexualidad 

Una de las especificaciones del programa que resalta es la educación en sexualidad incorporando la afectividad y el enfoque de género. “Hablamos de sexualidad que es la forma como nos relacionamos los seres humanos; hablamos de afectividad porque desde los afectos también se vive la sexualidad y hablamos desde el género porque  abordamos la temática haciendo la distinción si es hombre o mujer porque la sexualidad se vive de una manera distinta pero también se exponen a riesgos distintos”, remarcó Debora Solís de APROFA.